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Nuevo mundo...


Hace ya casi cuatro años decidí cambiar radicalmente mi vida y me vengo a vivir el sueño que desde niño atormentaba mi dormir: vivir en Francia.

Ya desde niño mis estadías eran regulares pues mi familia materna residía en este país por lo que pensé que iba a enfrentarme a algo ya conocido. Grave error.

El país seguía siendo el mismo, sus paisajes fabulosos, su historia encantadora, su gastronomía única e incomparable, sus vinos excelentes pero...como cambió su gente!!!

De aquellos ciudadanos exigentes de frutas y verduras con formas y colores perfectos, ciudadanos  siempre cuidadosos del malgasto de agua, luz y carburante por el costo económico, me encuentro hoy con personas ultra sensibles en lo que a la protección del medio ambiente se refiere. Y cuando hablo de protección no sólo me refiero a la idea de que únicamente las emanaciones tóxicas de los tubos de escape pueden dañar nuestro medio ambiente.

La toma de conciencia va más allá que esta simple idea básica: ahora hasta vemos de donde provienen los alimentos que consumimos y cual es la cantidad de CO2 que emiten para llegar a nuestros platos. Aunque parece imposible hemos llegado a eso con el fin de tratar de auxiliar a nuestro querido planeta. Y yo de alguna manera me deje llevar por esa ola y mi consciencia de planeta ha cambiado.

Ya no sólo aprendí a clasificar mi basura y a distinguir los colores de los contenedores de basuras ubicados en cada casa, residencia, edificio o sitio publico con el fin de mejor tratar la basura (azul para papeles y cartones, amarillo para plásticos, latas y envases reciclables de bebidas, verde para botellas de vidrio y gris para la basura común y corriente), sino que además he aprendido a leer las etiquetas de los alimentos para tratar de comprar aquellos provenientes de regiones más cercanas a mi lugar de residencia, aquellos productos elaborados bajo la norma de « biológicos » o « ecológicos » en los cuales el uso de pesticidas y cualquier otro químico está totalmente prohibida.

Quedó atrás ese consumidor que exigía la fresa roja y con la forma exacta para buscar en ella más que su forma un  sabor perfecto que sólo puede obtenerse cuando cultivas de manera biológica o ecológica. Y puedo dar fe de ello ya que he tenido la oportunidad de crear mi propio jardín o huerta y sin duda el sabor de lo que produzco es totalmente diferente al de los productos que compramos en los supermercados.

Esto es solo un aspecto de lo que se esta haciendo aquí en favor de la preservación de nuestro planeta. Muchas son las asociaciones que vienen realizando casi que en la sombra acciones dirigidas a ayudar a nuestro medio ambiente a subsistir. Desde asociaciones de vecinos que se dedican a buscar terrenos baldíos en las ciudades para ponerlos a producir, así como grupos que intercambian sus conocimientos sin ningún aporte monetario, un trueque de conocimientos y habilidades.

Sólo puedo decir que en el viejo continente me enfrente a un nuevo mundo...

Autor:

Karim A. Merheb G.
Albertville. Francia
karimmerheb@hotmail.com

 

 

10/07/2012

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